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Necesitamos estudiantes sin miedo a crear

Necesitamos estudiantes sin miedo a crear
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«Morir como Ícaro vale más que vivir sin haber intentado volar nunca, aunque fuese con alas de cera»

Unamuno

Cuenta la historia que Dédalo fue un arquitecto griego cuya capacidad inventiva era conocida por propios y extraños, era el referente de las creaciones humanas en aquellos tiempos, el inventor por antonomasia.

Para huir del laberinto del Minotauro en Creta viendo que no podía hacerlo por el mar o por tierra creó unas alas para volar como los pájaros. «Después de haber preparado el par de alas de Ícaro, le dijo [Dédalo] con lágrimas en los ojos: Hijo mío, ten cuidado! No vueles a demasiada altura para que el sol no funda la cera; ni demasiado bajo para que el mar no humedezca las plumas. Luego deslizó sus brazos en su par de alas y ambos emprendieron el vuelo. Sígueme de cerca gritó y no tomes un rumbo propio”.

«…No tomes un rumbo propio», afirmó Dédalo pero Ícaro lo desoyó. Así cuando se quiere emprender una acción innovadora debemos hacer lo que Ícaro; abandonar todas las “vacas” que nos impiden un actuar diferente, es decir romper con todas las mediocridades que nos atan al pasado, a lo viejo, a lo que “ya fue” y desbordar la realidad existente, buscar qué hay más allá de ella, vislumbrar los fenómenos en su conjunto por que como Ícaro solo con el vuelo podemos alejarnos de los árboles para poder ver el bosque.

Esencial el aliento que anima al mito, que lo dota de vigencia, de aquella energía que impele para alcanzar los sueños más queridos. Urge emular a Ícaro, asumir riesgos, sin temor al error o a la equivocación.

Estudiantes sin miedo a innovar

Lo valioso de Ícaro es que tomó su propio rumbo, dejó la vida por aquello que creía; “innovó sin permiso”, convocatoria hecha a todos los docentes por Nancie Atwell, reconocida como la mejor profesora del mundo. Una escuela pública tiene sus propias especificidades, no importa si se ubica en la costa, en la sierra o en nuestra Amazonía, precisamente a partir de dicha realidad hay que construir una escuela que sintonice con los intereses de los estudiantes, allí donde reciba un trato más humanizado como señala José Gimeno Sacristán.

La escuela que quiere y necesita el país será lo que quieren sus miembros, será resultado de la inteligencia y el esfuerzo colectivo porque como dice el cuento no hay alimento gratis, no importa fracasar o equivocarse como Ícaro, importa que las historias de éxito se escriben con la tinta del fracaso y sobre el papel del sacrificio, significativa afirmación que leí hace unos días en un medio local. Además «Todo lo excelso es tan difícil como raro» afirma Spinoza con toda razón.

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